¿Cuántas veces hemos escuchado historias respecto de que el mar devuelve botellas de vinos o espumantes, o que se han encontrado botellas en las bodegas de barcos hundidos? Estas historias, también son conocidas en Patagonia, y puntualmente en la costa de Río Negro, se han encontrado desde vajilla que eran utilizadas en los viajes de algunos barcos que naufragaron, y cada tanto, se han hallado, como tesoros, botellas en la arena.

Lo que la atención de especialistas del vino, es conocer que el contenido de dichas botellas, en general se han conservado de manera perfecto. Incluso, hay quienes se han sorprendido al beber un elixir de calidad superior. Entonces, ¿el mar podrá ser una excelente bodega? ¿Cómo intervendrán el vaivén de las olas, la salinidad y la influencia de la luna en las mareas?

La forma de envejecer los vinos debajo del mar, a una profundidad menor a los 20 metros, se llama “atesorar” el vino, como si de un tesoro se tratara. La guarda bajo el mar permite un resultado de botellas con cualidades únicas.

Desde hace unas décadas, reconocidos enólogos se han atrevido a experimentar con esta técnica, generando las primeras Bodegas /Cavas submarinas, en Croacia, España, Francia e Italia y desde 2019 la primer experiencia de Sudamérica en el Parque Subacuático del Golfo San Matías- Las Grutas, Río Negro, Argentina.

Esta innovadora propuesta nace de la Bodegas Tapiz, a través de sus Bodegas Patagónicas, con 60 hectáreas de viñedos en San Javier, Viedma, con cuya quinta cosecha elaboraron los vinos de los cuales, envasados en 300 botellas de variedad Malbec y bajo la marca “Wapisa”, que significa ballena en lengua yamana (pueblo originario de Tierra del Fuego), se dispusieron en jaulas de acero inoxidable en el lecho marino del San Matías.

“Son cosecha 2018. Por eso, si esos vinos hubieran estado en una bodega en tierra, recién a fines de este año o en 2021 estarían listos para tomar. Pero en el fondo del mar el añejamiento se acelera. Dicen que tres años de estacionamiento en tierra equivalen a uno en el océano. Por eso, tendremos el placer de descorcharlos tras seis meses de espera en nuestra bodega submarina”, explicó el enólogo, Fabián Valenzuela, quien comentó además que el mar genera otros beneficios: «La presión, la luminosidad que existe en el lecho marino, el movimiento permanente… todo eso hace que se saque el mejor potencial del producto. Los aromas son más intensos, y el sabor más sutil”.

Característica de la bodega submarina

La bodega Tapiz en cooperación con la empresa de prestación de servicios náuticos y de buceo, Cota Cero, planificaron, diseñaron y ejecutaron las jaulas para disponer en el fondo del mar las botellas a estacionar, Las botellas empleadas fueron diseñadas de forma especial. Las etiquetas, que no son de papel, fueron pirograbadas. Los corchos son naturales y de alcornoque, están lacrados y sellados con una silicona especial. La iniciativa cuenta con un estudio habilitante de impacto ambiental, garantizando que no genera afectación al ecosistema marino donde se desarrolla. Los buzos de la empresa Cota Cero, bajo la responsabilidad técnica que Claudio Barbieri, fueron los encargados de disponer las botellas dentro de las jaulas que habían sido instaladas previamente en el lecho marino.

Seis meses después, volvieron al lugar, la bodega submarina, para retirar las primeras botellas con la finalidad de realizar la primera cata. La experiencia resulta ser altamente deslumbrante, si consideramos que cada botella se convierte en producto particular al ser intervenidas por el mar que le suma diseño con la incrustación de figuras generadas por la adición de arena, algas, microorganismos, moluscos que deciden adoptar la cava, como nuevo ambiente.

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