Un grupo de intendentes bonaerenses, junto a funcionarios de tres provincias, mantuvieron una reunión via zoom con referentes de la Comisión de Turismo del Instituto Patria, con el propósito de «realizar un análisis de la situación e intercambiar opiniones, para contener y minimizar el impacto negativo que produce la pandemia en la actividad turística y ante la falta de respuestas por la inminente llegada de la temporada sin reglas claras para su desarrollo».

Muy lejos parecía el verano 2021 cuando la Organización Mundial de la Salud declaraba la pandemia, allá por el mes de marzo de este año, sin embargo los meses van pasando y la curva sigue en aumento. Lo que anticipa un desastre inexorable para la próxima temporada alta.

Hace dos semanas el ministro de Turismo y Deportes de la Nación, Matías Lammens y la secretaria de Promoción Turística, Yanina Martínez, confirmaban que iba a haber temporada de verano y que habían trabajado desde su cartera en una serie de protocolos sanitarios para poner en práctica. Lo cierto es que esta confirmación, con fuerte aspiración de deseo, y no mas que eso, llegó para calmar al sector luego de que el Doctor Daniel Gollán, ministro de Salud bonaerense, asegurara que «no habrá vacaciones en la costa hasta no tener una vacuna».

Una batalla que parece no tener fin desde que comenzó la pandemia, y que los infectólogos y profesionales vienen ganando por goleada a los gurúes de la apertura y los anticonfinamiento. El mejor ejemplo es lo que pasó en Europa, mas precisamente en España y esto se puso como referencia en la reunión. La discusión de aquel país era o nos mata el virus o el hambre, claro que ante esta frase extrema, habría que preguntarle que opina el personal de salud de Madrid, Milán o Nueva York, ciudades que sufrieron el colpaso sanitario y el estres dejó a mas de un profesional al borde de la locura.

El gobierno argentino no está desconcertado en el manejo de la pandemia, en todo caso el mundo está desorientado y es suficiente leer algunos medios internacionales para entenderlo. En medio de ese desastre económico y sanitario de proporciones inimaginables, otra vez la ciencia le ganó al optimismo, y los rebrotes en Europa comenzaron a mediados de agosto, ni una semana después de lo anunciado por los infectólogos, pues era previsible que esto sucediera con una España, abierta y descontrolada al turismo internacional y nacional. A eso hay que sumarle la estupidez humana que a esta altura parece no tener límites ni sorpresas.

Ese tema generó una reflexión mas que visible, si los españoles cerraron todo con cerca de diez mil casos diarios y tardaron casi tres meses en controlar la pandemia, con un confinamiento estricto, como ibamos a pretender que en Argentina, con la misma cantidad de casos y en aumento, pudieran bajar al mismo nivel con una cuarentena mas que flexible, que ya dejó de ser cuarentena hace varias semanas. Es decir que abrir la temporada, en esas condiciones y con el virus comunitario circulando en todo el país como está ocurriendo hoy, se transformaría en una bomba sanitaria de proporciones similares a los casos de Estados Unidos, Brasil, España, Italia, Francia, Reino Unido, Chile, Perú y México, entre otros, con decenas de miles de muertos.

«Con estos números no va a haber temporada», aseguran que expresó con resignación un intendente, al tiempo que un referente de la Comisión de Turismo del Instituto Patria, expresó que la Ley Nacional de Turismo, la 25.997, contempla un Comité Interministerial de Facilitación Turística, que debería estar trabajando en estos momentos y en esos temas, con representantes de los ministerios de Turismo, Trabajo, Salud, Transporte, Economía y todos aquellos que sean necesarios para enfrentar y dar alguna solución ante la mayor crisis mundial del sector que afecta a mas de un millón de empleos en nuestro país.

Volviendo a España, los números de julio fueron desastrozos, apenas dos millones de turistas internacionales, un 84% menos que en 2019, pero los suficientes como para desparramar el virus y generar rebrotes por toda Europa como está ocurriendo.

En tanto la Ley que tiene media sanción en el Senado y es el «Proyecto de Sostenimiento y Reactivación del Turismo», presentado por los legisladores del Frente de Todos, que fue aprobado por unanimidad y que espera ser tratado en Diputados, posiblemente este martes. Esa Ley sería un paliativo importante para sostener a la actividad del derrumbe económico -al menos por un año- y los jefes comunales lo saben. En ese sentido hablaron de la mezquindad de algunos diputados de Juntos por el Cambio y bloques menores que no estarían dispuestos a dar quórum en dicha sesión y es fundamental que el proyecto se trate pues la situación no soporta mas demoras.

El retroceso de Mar del Plata a fase tres por la multiplicidad de casos de Covid-19, no es un tema menor. «Como hablar de temporada, con el principal destino turístico del país, en una etapa en la cual no hay restaurantes ni bares ni comercios abiertos», se preguntó otro intendente.

Hay presiones por todos lados: de los propietarios no residentes que quieren visitar sus casas de veraneo; de las autoridades sanitarias de los distritos que advierten de un colapso inminente del sistema de salud; de los empresarios hoteleros y gastronómicos; ¿que sucederá por ejemplo con la noche en la costa Atlántica, con boliches cerrados, como se va a controlar el desborde que seguramente generarán cientos de fiestas clandestinas y de miles de jovenes tocando música en la playa hasta el amanecer?

Dicen que las palabras de un intendente ofuscado dejó a los participantes pensando y en completo silencio por varios segundos: «Lo agorero se combate con previsión, y la preocupación es lógica en aquellos que conocen el paño y saben como es estar de este lado del mostrador en una temporada alta y no simplemente de vacaciones, caminando por una playa colmada de turistas. Nosotros vamos a pagar el costo de este desastre y nadie se querrá hacer cargo de los muertos».

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