Una plataforma universal y gratuita que compila más de cien años de sonidos de la Argentina.

En un momento donde lo visual impacta de lleno en la vida de las personas, la plataforma colaborativa Sonidos y Lenguas invita a poner el foco sobre una manera sensible de relacionarnos que no tiene que ver con el impacto de las imágenes. Tiene que ver, en cambio, con la escucha del enorme universo de sonidos del entorno biocultural, la diversidad de lenguas y las músicas que se producen y se han producido a lo largo y ancho del país durante los últimos cien años.

Luciana Delfabro forma parte del área de Investigación Cultural de la Secretaría de Patrimonio Cultural, encargada de llevar adelante este proyecto que se encuentra en pleno crecimiento.

El proyecto es dinámico y súper interesante porque apunta a difundir el patrimonio sonoro y a valorizar la diversidad lingüística -no solo de las lenguas de los pueblos originarios sino también de los diferentes tipos de castellano que se hablan en el país-. A su vez, teniendo en cuenta que el proyecto es interdisciplinario y colaborativo, se generan nuevos lazos que fomentan el intercambio de saberes, las prácticas de preservación de las tradiciones y el registro de las herencias ancestrales”, comenta la investigadora.

Lenguas, paisajes sonoros y música son las tres grandes tipologías en las que se agrupan los diferentes registros, que invitan a pensar en las fronteras entre el patrimonio tangible e intangible. Este patrimonio sonoro, que permite conectarnos con nuestra memoria y nuestra identidad, nos invita a profundizar en un universo que tiene mucho para decirnos, sobre todo en un momento de tantos cambios ambientales, volver sobre la escucha de los ambientes naturales se convierte en un terreno fértil para llamarnos la atención.

Sonidos y Lenguas nos permite conocer cómo suena el castañeo de pico de las lechucitas de las vizcacheras o el sonido que emiten los carpinchos del Parque Nacional Mburucuyá. Con solo dar un clic, podemos sumergirnos en la entonación de voces ancestrales y escuchar cantos rituales en sus lenguas nativas como el Mapudungun o el selk’nam, como también escuchar los sonidos del Mercado del Abasto, todos registros que fueron grabados hace más de 50 años. Pero no solo los sonidos del pasado tienen lugar en Sonidos y Lenguas sino que, gracias a la tecnología y la conectividad, se puede viajar en el tiempo por los archivos anteriores o escuchar grabaciones nuevas, como el relato del hain, en una ceremonia de iniciación de los hombres selk’nam o escuchar la leyenda santiagueña del Almamula, registradas ambas en 2018.

En este momento, la mayor cantidad de audios que se encuentran en la plataforma fueron compilados por el Instituto Nacional de Musicología “Carlos Vega” y el Instituto Nacional de Antropología y Pensamiento Latinoamericano, planteando el desafío de reimaginar los registros sonoros atendiendo a las actuales dinámicas entre estos últimos y la sociedad contemporánea.

“En el proyecto trabajamos mucho pensando en cómo queremos volver a nombrar estos archivos que tienen como una mirada de viaje etnográfico del siglo XX, y la idea es volver a poner en circulación esos archivos sin ninguna mediación, tanto para que estén disponibles para sus comunidades de pertenencia, ya que muchos registros realizados en la primera mitad del siglo XX por parte de antropólogos y musicólogos -que responden a paradigmas de esa época- no han sido escuchados por sus comunidades de pertenencia, como también para que cada uno pueda hacer de esos archivos su propia lectura y su vínculo con su pasado y su memoria. Queremos contribuir a generar una mirada más abierta y más contemporánea del folclore, no queremos que se piense que el folclore es lo que se ve en la televisión o en el acto del colegio.

Para pensar todas estas cuestiones fue fundamental armar un equipo de trabajo interdisciplinario en donde participan lingüistas, artistas sonoros, musicólogos, antropólogas, geógrafas, y lo que hicimos fue pensar, muy a conciencia, qué tipo de plataforma de sonidos queríamos lanzar y nos pareció interesante vincular los sonidos de la naturaleza, las lenguas que se hablan en cada lugar de Argentina, y la música. Primero trabajamos sobre lo conceptual. Nuestra idea es hacer una plataforma abierta, colaborativa y de alcance federal, que no contenga solo los archivos de las instituciones con las que arrancamos, sino que queremos empezar a abrir una red de archivos que trabajen están tipología y poner en evidencia la diversidad de lenguas, músicas y entornos naturales que tenemos», explica Delfabro. La idea no es salir con carga abultada de archivos sino ir creciendo en la medida que se van generando redes de trabajo y vínculos con otros actores. No es necesario ser investigador o antropólogo para contribuir al archivo, cualquier persona puede sumar sus registros.

«Tenemos un formulario de contacto que lo que hacemos es tratar de ser equitativos con la regionalización. El proyecto es una investigación que tiene un tope de registros que puede albergar y por eso siempre se va tamizando por nuestra mirada que lo que hace es que se pueda ir distribuyendo de manera equitativa, viendo que no se repitan relevamientos parecidos, tarea difícil porque consideramos que cada uno es en sí mismo un mundo porque la combinación de esa persona con el ambiente en el que está o la música siempre va a ser singular, pero tenemos que ir estableciendo criterios de recorte porque es una limitación material la que tenemos».

¿Cómo se recolectan los sonidos hoy? ¿Cómo lo hacían antes? ¿Qué relaciones se establecen entre el sonido y la memoria? Estos son algunos de los temas sobre los que buscan reflexionar críticamente junto a especialistas en los podcast que acompañarán a Sonidos y Lenguas y que están produciendo junto con el Centro de Arte Sonoro.

«Estos podcast tienen una especie de tono que es como un ensayo sonoro que nos encanta y además nos resulta súper interesante pensar en que estos registros, al ser gratuitos y estar disponibles para toda la comunidad virtual, mucha gente vinculada a la producción de podcast se puede encontrar con estos archivos y hacer una lectura completamente espontánea y sensible, sin tanta mediación histórica y eso es súper positivo para estar repensando el folclore en un sentido amplio. Lo mismo en el campo de la educación. Nos interesa muchísimo que los registros sonoros sean utilizados como recurso para la enseñanza en todos los niveles”.

Sonidos y Lenguas cuenta también con un mapa sonoro donde, a través de la navegación por el sitio y la georeferencia de los registros sonoros, se abre la posibilidad de encontrarse con el acervo sonoro completo de la Argentina y los tesoros que se albergan en cada rincón del territorio.

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