Cada vez más viajeros buscan tranquilidad y evitar aglomeraciones, y si pueden conseguirlo en uno de los pueblos más bonitos de España o del mundo, mucho mejor. Descubre cuáles son estas localidades, en las que además podrás encontrar valores relacionados con el slow travel como autenticidad, entorno natural, costumbres, folclore y slow food.

Chinchón, Trujillo, Guadalupe, Santillana del Mar, Potes, Almagro, Atienza, Pastrana, Lerma, Carmona… son algunos de los pueblos españoles con más encanto, a los que acuden muchos viajeros a lo largo de todo el año en busca de atractivos naturales y belleza arquitectónica, pero también de tranquilidad. Francisco Mestre, Presidente de la Federación Los Pueblos más Bonitos del Mundo, asegura que llevan tiempo constatando que el mundo rural es un valor en alza. “El viajero encuentra en nuestros pueblos los valores que defiende el slow travel: autenticidad, entorno natural, gastronomía y folclore”.

Mestre es también Presidente de Los Pueblos más Bonitos de España, (www.lospueblosmasbonitosdeespana.org/es), un sello de calidad que contempla, asimismo, importantes criterios de belleza y accesibilidad turística. Todas las localidades de nuestro país incluidas en este sello, cerca de un centenar, cuentan con unos requisitos mínimos de calidad en aspectos tan variados como la limpieza, conservación de las fachadas, circulación de vehículos (o si tienen o no un lugar destinado al aparcamiento de éstos), el cuidado de flores y zonas verdes, el tratamiento de las insignias publicitarias y carteles, etc.

Estos pueblos son especialmente atractivos para los viajeros que “buscan desconectar del estilo de vida urbano y descubrir un modo de vida tradicional”, afirma Mestre. Además, “ofrecen la belleza y el patrimonio como ejes vertebradores de una oferta única”, a la que se puede acceder a lo largo de todo el año, lo que “contribuye a la desestacionalización del turismo”.

Además de compartir el principio de sostenibilidad, estas localidades cuentan con una oferta de recursos adaptada al slow travel, con productos ecológicos, experiencias con el entorno natural, usos y costumbres tradicionales y slow food”.

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