En el Día Mundial del Agua las áreas protegidas recordaron su rol esencial en la captación y preservación de los recursos hídricos.

Desde el complejo sistema de la Cuenca del Plata, hasta los Glaciares de la Patagonia austral, los Parques Nacionales aseguran la calidad del agua que captan y acumulan en cada uno de sus diversos relieves y gracias a su flora nativa; lluvias, nevadas y nubes.

En el caso de la Cuenca del Plata, que es una de la superficies fluviales más importantes del mundo, reúne miles de cursos de agua ramificados que conforman esta zona donde viven y producen millones de personas. El Iguazú y el Paraná se unen al entrar a la Argentina por el norte misionero y, aguas abajo, se le suman los aportes de otros grandes ríos como el Bermejo, el Pilcomayo, el Uruguay, el Salado y miles de arroyos que contribuyen a esta red majestuosa y única.

Los Parques Nacionales de la región NEA tienen directa relación con este sistema que discurre hacia el sur para terminar en el mar desde la desembocadura del Río de la Plata. Iguazú, en plena Selva paranaense; El Impenetrable, a orillas del Bermejo, en Chaco; Río Pilcomayo, en Formosa , junto al río homónimo; Islas de Santa Fé y Pre Delta sobre el Paraná, uno en la costa santafesina y el otro en la margen entrerriana; El Palmar sobre el Uruguay, también en Entre Rios, hasta llegar a Ciervo de los Pantanos sobre el Paraná de las Palmas, entre las ciudades bonaerenses de Escobar y Campana.

Asimismo, lagunas, esteros y bañados mezclan sus aguas en las 3.793.000 hectáreas de poca profundidad en los Esteros del Iberá, testimonio del paso del Río Paraná hace unos 8 mil años, que hoy es uno de los reservorios de agua dulce más grandes del mundo. Y más al sur, el Delta con su gran función reguladora de todo este enorme caudal.

Al oeste, los altos Andes se extienden desde la frontera con Bolivia hasta el norte de Neuquén, donde las cimas cordilleranas colectan nieve en el invierno que en cuanto empieza el calor se transforma en agua de deshielo que baja hasta los valles y hondonadas para generar ríos. En medio, entre las cumbres y el Chaco surgen las Yungas, una cuña austral de la selva que baja desde Venezuela a través de las laderas orientales de los Andes y cumple un papel irremplazable en la regulación hídrica del NOA con sus neblinas particulares.

Ya en el centro del país, la planicie de altura que es la Pampa de Achala obra como cabeza de cuenca que capta las precipitaciones que se escurren formando las nacientes de importantes ríos de Córdoba. Esta función esencial de colectar agua y distribuir su flujo, se repite a los largo de los parques de los Bosques Patagónicos donde los Glaciares representan una gran reserva de agua en estado sólido, nacida de los ventisqueros, que alimenta arroyos, lagos y ríos para terminar su camino en la costa atlántica austral.

En cada una de las 18 ecorregiones de la Argentina, los parques funcionan como reservorios de agua y administradores de cauces. Agua originada en alguno de sus tres estados, que recorre miles de kilómetros para llegar a su lugar de consumo agropecuario, domiciliario e industrial.

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