Este martes 13 de abril 2021 se cumplen 14 años desde la desaparición física de Don Boris Furman, ese hombre que dedicó toda su vida a realizar obras de bien y quien seguramente, de haber tenido que atravesar este contexto de pandemia por Covid-19, estaría buscando, proponiendo y concretando acciones solidarias para que aquellas personas más afectadas por esta situación pudiesen transitarla de una manera menos dolorosa.

El creador de Teleférico Cerro Otto en Bariloche (Río Negro); de la Fundación Sara María Furman – propietaria de la excursión de la que anualmente surgen las donaciones para la Asociación Cooperadora del Hospital Zonal Bariloche y para la Fundación Nuevo Hogar y Centro de Ancianos Le Dor Va Dor y la Asociación Civil Ory para niños con discapacidad de la comunidad judeo argentina de Buenos Aires, de la Panificadora Solidaria Sara María Furman en Santa Fe y hacedor de otra gran cantidad de obras de bien, hoy estaría pregonando con su ejemplo la necesidad de un mundo más solidario y empático, en el que el prójimo sea realmente visible ante quienes aún en tiempos de vida o muerte, siguen creyendo que las soluciones a cualquier situación extrema llegan de manera individual y no colectiva.

Por esas razones, en tiempos de desesperanza y de sufrimiento para gran parte de la humanidad como los que atravesamos actualmente, desde la Fundación Sara María Furman elegimos recordarlo una vez más como un ejemplo a seguir; como ese ser humano que sembró bondad y que dejó huellas a lo largo de toda su vida.

Don Boris nació el 24 de junio de 1916, en el seno de un humilde hogar de inmigrantes rusos con ascendencia judía y desde muy pequeño recibió las enseñanzas de su madre Sara quien, conociendo el esfuerzo para mantener una familia en un país ajeno, le inculcó que siempre existía alguien más necesitado que uno mismo. A los 14 años de edad Boris comenzó a trabajar como cadete en una sastrería; dos años después como ayudante en ventas y con sólo 22 años montó su primera sastrería en Santa Fe, trasladándose luego a la Capital Federal en donde instaló una de las sastrería más conocidas del país: Rocha Casimires.

En la década del 60, junto a su entrañable amigo Raúl Méndez, Boris viajó a Bariloche y una vez arribado a la ciudad sintió algo que puede definirse como amor a primera vista con el cerro Otto y su entorno, aún cuando se trataba de una montaña con escasa vegetación y en cuya cumbre sólo existía una pequeña cabaña vidriada de 5 x 5 metros que se utilizaba para vigilancia de los guardaparques.

Su visión empresaria, algo que indudablemente le era innato, le permitió saber rápidamente que en esa montaña podría levantar una obra de infraestructura turística que distinguiría al destino Bariloche en su conjunto. Y así, con esa inspiración constante que lo caracterizaba, pensó en la posibilidad de adquirir las tierras para instalar un medio de elevación como puntapié inicial de algo que ya pergeñaba. De regreso a Buenos Aires, cautivado por lo que sus ojos habían registrado, Furman realizó las gestiones necesarias para obtener los permisos que le permitieran concretar el tan anhelado sueño de llegar hasta la cumbre a través de un moderno teleférico, con un objetivo que ya se planteaba distinto a lo conocido.

Rápidamente se supo que el “filántropo”, como comenzó a definírselo entre los habitantes de esta zona, estaba poniendo en marcha un proyecto que presentó formalmente como “ Cerro Otto: una sociedad comercial distinta con una meta diferente…”. A priori ya se pre anunciaba una obra con fines solidarios.

Con 50 años de edad y una carrera comercial exitosa compró las tierras, propiedad hasta ese momento del Ejército Argentino; encomendó el correspondiente relevamiento topográfico; viajó a Viena (Austria), para adquirir la infraestructura necesaria en el lugar que más expertos tenía en la materia; trajo a los ingenieros de la firma Rudolf Kienast, especialistas en medios de elevación para montañas y en 1967 dio inicio a esta obra que, en la época que corría, fue considerada como una de las más importantes de Latinoamérica en materia turística.

En 1974, el TELEFÉRICO se hizo realidad

Visionario, soñador, de una perseverancia envidiable y siempre a través de su trabajo constante e indeclinable, Furman lograba lo que se proponía. Fue así que no mucho tiempo después dio rienda suelta a otro de sus propósitos: la construcción de una CONFITERIA en la cumbre, pero GIRATORIA; la primera en su tipo en Sudamérica, algo que para Bariloche como destino turístico sería, y aún hoy lo es, un sello distintivo. Al ritmo del crecimiento de la ciudad y de la demanda turística, crecían también sus proyectos, entre los que figuraban crear un verdadero complejo recreativo.

Impactado con las tres esculturas más importantes del arquitecto, escultor y pintor renacentista Miguel Ángel Buonarroti, durante un viaje que había realizado a Italia, Furman encargó a la galería de arte Pietro Bazzanti e hijo (Florencia) calcos exactos en tamaño real de “El David”, “La Piedad” y “El Moisés”, obteniendo no sólo la autorización correspondiente sino también la certificación del gobierno italiano. Una vez logrado su nuevo objetivo, construyó una Galería de Arte, única en su tipo en la cima de una montaña, que alberga esas réplicas de manera permanente. Esa fue la última vez que el gobierno de Italia permitió calcar las obras directamente de los originales, por lo que su semejanza es casi exacta.

Cuando su economía estaba totalmente recuperada y teniendo siempre presente las enseñanzas de su infancia, en vez de acumular ganancias – lo que confirmaba su verdadera vocación de servicio – Boris Furman decidió crear una fundación de ayuda al prójimo a la que le dio el nombre​ de FUNDACIÓN SARA MARIA FURMAN, en honor a su madre (Sara) y a su hermana (María), con el propósito de administrar Teleférico Cerro Otto. Y desde entonces, el total de las utilidades generadas por la excursión se destina a la Asociación Cooperadora del Hospital Zonal de Bariloche y a dos entidades con fines sociales de la comunidad judía de Buenos Aires (*). Es por ello que uno de los slogans que identifica a este complejo recreativo, del que emanan los recursos donados anualmente es: COMPLEJO TURISTICO TELEFERICO CERRO OTTO…. DONDE EL PLACER TIENEN
UN FIN SOLIDARIO!!!

Boris murió siendo un hombre de una sencillez y humildad poco frecuentes. Hubiese merecido muchísimos reconocimientos y homenajes más por su compromiso social, por su accionar silencioso pero constante y por su natural filantropía, difícil de comprender sino a través de sus actos. Pero nunca buscó rédito personal. Así era él, un hombre de perfil bajo, de compromiso en su palabra y de hechos concretos. Sin dudas fue lo que motivó a la Legislatura de Río Negro para que en Sesión Ordinaria del 1ro de junio de 2016, y por unanimidad de los presentes, se aprobara la Declaración N° 104 – 2016 que considera “de interés social, cultural y turístico las actividades desarrolladas por la Fundación Sara María Furman en beneficio de la comunidad y el fortalecimiento del turismo y en reconocimiento a su creador Boris Furman”.

A 14 años desde su partida, la Dirección Ejecutiva de Teleférico Cerro Otto y el Consejo de Administración de la Fundación Sara María Furman, comparten cada año un humilde pero sentido homenaje a Don Boris Furman, reafirmando el compromiso de trabajar solidariamente para procurar obras que, aunque resulten pequeñas, pueden ser transformadoras.

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here